sábado, 5 de agosto de 2017

El desafío

Si entro en la cocina de madrugada y, al encender la luz, veo una cucaracha sobre la encimera, me asusto. Pero si, para colmo, la cucaracha no huye ni se esconde, me ofendo. Se supone que las cucarachas temen a los humanos. Somos mucho más fuertes, por el amor de dios. Si quisiera podría aplastarla con un dedo. ¡Con un dedo la destriparía si me diera la gana! ¿Por qué no huye? ¿A qué juega? ¿Qué quiere de mí?

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